viernes, 9 de junio de 2017

SEMANA 5. PARTE 1. LA NUEVA SORPRESA

“Noto a mi mami con cierta preocupación esta semana, su regla no ha bajado, y claro que no le va a bajar. Me encantaría gritarle que estoy aquí dentro, pero de momento no puedo hacerlo, no tengo boca, y aunque la tuviera, no me escucharía, por lo que intentaré manifestarme de otras maneras para que ella se dé cuenta de que estoy aquí, con ella y que no la dejaré más nunca sola. Siento mucha pena cuando la provoco y está toda revuelta, con muchas ganas de vomitar, pero tengo que decirle que estoy aquí dentro, tengo que avisarla de que tendrá que cuidarme de ahora en adelante y, por supuesto, tengo que decirles a mis papis que ya voy de camino y que los quiero con locura.”

Empiezo la semana sin preocupaciones, aunque he experimentado cosas raras en mi cuerpo pero no le pongo ni la menor importancia puesto que tengo los síntomas premenstruales y confío en que mi menstruación va a bajar. Pero, conforme pasan los días, empiezo a repetir las comidas con buchadas, noto un exceso de salivación, mis mamas me duelen más de lo habitual y nunca jamás me habían dolido con el SPM. Me da hambre por las tardes, cosa muy rara y poco habitual en mí, y es tanta la ansiedad de comer que como cualquier cosa, incluso algo que no he probado antes: la mortadela.

En principio, nada me resulta raro, serán las ganas de comer que dan con el SPM, eso sí que lo experimento cada mes y por eso resto importancia. Pero si empiezo a preocuparme… y cada día más. Lo consulto con Diego y me dice que esté tranquila, que seguro que no es nada y que esperemos un par de días o una semana como mínimo… pero yo empiezo a tener insomnio, mi cabeza no para de dar vueltas y mi estómago no para de sentirse revuelto. Noto mucho asco cuando tengo que hacer la comida, y como muy muy poco… Una montaña rusa de contradicciones y sentimientos en el aire.
Este fin de semana nos vamos a Barlovento a un apartamento a desconectar, ya que nos hace falta puesto que esta semana no ha sido fácil para mí “hormonalmente hablando” y he estado pagando con Diego mi malhumor constante. En el trayecto hacia Barlovento, le planteo la posibilidad de comprar un test de embarazo en una farmacia y salir de dudas… y entre los dos consideramos que quizás sea lo mejor y así me quede tranquila y baje mi nivel de estrés y de nervios.

Lo primero que hago nada más llegar al apartamento, es sacar el predictor y leer las instrucciones. Me encuentro nerviosa pero decidida… por muchos momentos pasa por mi cabeza la posibilidad del sí, no sé si es porque mi cuerpo lo intuye o por el deseo de que aunque no sea lo esperado, es lo que me gustaría. Y, me voy al baño, a hacerme la prueba minuciosamente tal y como indican las instrucciones…

Una vez hecha ya no hay vuelta atrás… intento dejar el predictor encima del lavamanos en el baño, pero no puedo porque no tardan ni un minuto en marcarse claramente las dos rayas rojas del predictor que indican que estoy embarazada… me encuentro tan nerviosa que no puedo procesar la información en mi cabeza… Diego me pregunta constantemente que si ya está le digo que aún no, que falta un poco, pero empiezo a reírme de manera muy nerviosa por lo que viene y me lo quita de las manos y me pregunta… ¿Y esto qué significa? No puedo responderle, y no paro de reírme sin parar con un nerviosismo descontrolado… Diego mira las instrucciones y se da cuenta de la situación en la que estamos… me siento allí con él, en el sillón y le veo brotando dos lágrimas de emoción, me mira y me abraza diciéndome “voy a ser padre”… no puedo evitar sentirme la mujer más afortunada del mundo, pues no es la reacción habitual cuando no buscas algo… pero Diego para estas situaciones siempre sabe estar a la altura… no puedo evitar sonreír mientras le abrazo y sentir la tranquilidad de que no voy a estar sola, y de que pase lo que pase, va a ser un padrazo, el mejor que pude haber elegido para nuestro pequeñx peque.

Lo primero que tengo que hacer nada más enterarme de la noticia, es contárselo a mi madre, necesito su voz de aliento diciéndome que todo va a salir bien. Y no porque no confíe en mí, ni porque Diego no pueda darme esa seguridad… es simplemente la seguridad y confianza que me dan las palabras de mi madre cada día… sé que ella me va a entender como ninguna otra persona en el mundo en este momento. Y, efectivamente, es así. Mi madre me dice que ahora hay que tirar para adelante, que no pasa nada y que todo saldrá bien, ella se ocupará de buscarme cita con el ginecólogo para ir a confirmar el positivo con una ecografía. Respiro, no estoy sola… es momento de empezar una nueva etapa, en 9 meses alguien me dirá mamá y por mucho que me cueste creerlo, sonrío de pensarlo.

Pasamos un fin de semana genial, celebrando la nueva noticia, pero los síntomas empieza a acentuarse… apenas como, empiezo a estar revuelta con muchas náuseas. Entrando en la semana la cosa va a más y empiezo a vomitar, espero ansiosa la hora de ir al ginecólogo a ver si hay algún remedio para empezar a sentirme mejor.

Y, como siempre de ahora en adelante, me acuesto y me levanto con una única preocupación ¿Estará bien? ¿Lo haré bien?... Quedan 35 semanas para conocerte y yo ya no veo la hora de hacerlo pequeñx! 

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