“Noto a mi mami con cierta preocupación esta semana, su regla no ha bajado, y claro que no le va a bajar. Me encantaría gritarle que estoy aquí dentro, pero de momento no puedo hacerlo, no tengo boca, y aunque la tuviera, no me escucharía, por lo que intentaré manifestarme de otras maneras para que ella se dé cuenta de que estoy aquí, con ella y que no la dejaré más nunca sola. Siento mucha pena cuando la provoco y está toda revuelta, con muchas ganas de vomitar, pero tengo que decirle que estoy aquí dentro, tengo que avisarla de que tendrá que cuidarme de ahora en adelante y, por supuesto, tengo que decirles a mis papis que ya voy de camino y que los quiero con locura.”
Empiezo la semana sin
preocupaciones, aunque he experimentado cosas raras en mi cuerpo pero no le
pongo ni la menor importancia puesto que tengo los síntomas premenstruales y
confío en que mi menstruación va a bajar. Pero, conforme pasan los días,
empiezo a repetir las comidas con buchadas, noto un exceso de salivación, mis
mamas me duelen más de lo habitual y nunca jamás me habían dolido con el SPM.
Me da hambre por las tardes, cosa muy rara y poco habitual en mí, y es tanta la
ansiedad de comer que como cualquier cosa, incluso algo que no he probado
antes: la mortadela.
En principio, nada me
resulta raro, serán las ganas de comer que dan con el SPM, eso sí que lo
experimento cada mes y por eso resto importancia. Pero si empiezo a
preocuparme… y cada día más. Lo consulto con Diego y me dice que esté
tranquila, que seguro que no es nada y que esperemos un par de días o una
semana como mínimo… pero yo empiezo a tener insomnio, mi cabeza no para de dar
vueltas y mi estómago no para de sentirse revuelto. Noto mucho asco cuando
tengo que hacer la comida, y como muy muy poco… Una montaña rusa de
contradicciones y sentimientos en el aire.
Este fin de semana nos vamos
a Barlovento a un apartamento a desconectar, ya que nos hace falta puesto que
esta semana no ha sido fácil para mí “hormonalmente hablando” y he estado
pagando con Diego mi malhumor constante. En el trayecto hacia Barlovento, le
planteo la posibilidad de comprar un test de embarazo en una farmacia y salir
de dudas… y entre los dos consideramos que quizás sea lo mejor y así me quede
tranquila y baje mi nivel de estrés y de nervios.
Lo primero que hago nada más
llegar al apartamento, es sacar el predictor y leer las instrucciones. Me
encuentro nerviosa pero decidida… por muchos momentos pasa por mi cabeza la
posibilidad del sí, no sé si es porque mi cuerpo lo intuye o por el deseo de
que aunque no sea lo esperado, es lo que me gustaría. Y, me voy al baño, a
hacerme la prueba minuciosamente tal y como indican las instrucciones…
Una vez hecha ya no hay
vuelta atrás… intento dejar el predictor encima del lavamanos en el baño, pero
no puedo porque no tardan ni un minuto en marcarse claramente las dos rayas
rojas del predictor que indican que estoy embarazada… me encuentro tan nerviosa
que no puedo procesar la información en mi cabeza… Diego me pregunta
constantemente que si ya está le digo que aún no, que falta un poco, pero
empiezo a reírme de manera muy nerviosa por lo que viene y me lo quita de las
manos y me pregunta… ¿Y esto qué significa? No puedo responderle, y no paro de
reírme sin parar con un nerviosismo descontrolado… Diego mira las instrucciones
y se da cuenta de la situación en la que estamos… me siento allí con él, en el
sillón y le veo brotando dos lágrimas de emoción, me mira y me abraza
diciéndome “voy a ser padre”… no puedo evitar sentirme la mujer más afortunada
del mundo, pues no es la reacción habitual cuando no buscas algo… pero Diego
para estas situaciones siempre sabe estar a la altura… no puedo evitar sonreír
mientras le abrazo y sentir la tranquilidad de que no voy a estar sola, y de
que pase lo que pase, va a ser un padrazo, el mejor que pude haber elegido para
nuestro pequeñx peque.
Lo primero que tengo que
hacer nada más enterarme de la noticia, es contárselo a mi madre, necesito su
voz de aliento diciéndome que todo va a salir bien. Y no porque no confíe en
mí, ni porque Diego no pueda darme esa seguridad… es simplemente la seguridad y
confianza que me dan las palabras de mi madre cada día… sé que ella me va a
entender como ninguna otra persona en el mundo en este momento. Y,
efectivamente, es así. Mi madre me dice que ahora hay que tirar para adelante,
que no pasa nada y que todo saldrá bien, ella se ocupará de buscarme cita con
el ginecólogo para ir a confirmar el positivo con una ecografía. Respiro, no
estoy sola… es momento de empezar una nueva etapa, en 9 meses alguien me dirá
mamá y por mucho que me cueste creerlo, sonrío de pensarlo.
Pasamos un fin de semana
genial, celebrando la nueva noticia, pero los síntomas empieza a acentuarse…
apenas como, empiezo a estar revuelta con muchas náuseas. Entrando en la semana
la cosa va a más y empiezo a vomitar, espero ansiosa la hora de ir al
ginecólogo a ver si hay algún remedio para empezar a sentirme mejor.
Y, como siempre de ahora en
adelante, me acuesto y me levanto con una única preocupación ¿Estará bien? ¿Lo
haré bien?... Quedan 35 semanas para conocerte y yo ya no veo la hora de
hacerlo pequeñx!
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